octubre 28, 2009

¡No más impuestos!

Este nuevo atraco fiscal que nos quieren imponer es el inicio de un esfuerzo de la clase política por imponer en México cargas fiscales “similares” a las de la mayoría de las naciones desarrolladas, con el argumento implícito (y cada vez más explícito) de que para alcanzar sus niveles de bienestar debemos igualar su expolio fiscal. “Si los otros países cometen errores, nosotros tenemos el derecho de cometerlos”.

Recorte de periodico

El siguiente texto es la transcripción de la conferencia de prensa ofrecida por la UNACON el pasado 19 de octubre en el Hotel Nikko de la Ciudad de México.

Muy buenos días señores reporteros, periodistas y de todos los medios.
Nos da mucho gusto que hayan atendido a esta convocatoria para ser testigos del nacimiento de una organización civil que hará historia en este país.

Soy el Dr. Santos Mercado Reyes, Presidente de la UNION NACIONAL de CONTRIBUYENTES ATLAS A. C. y quiero presentarles a los miembros del presidium…

Me acompañan:

El Lic. Hugo González
Y nuestro asesor económico, el maestro Rodolfo Sosa Cordera.

Queremos explicar los motivos que nos han inducido, a un pequeño grupo de ciudadanos, para formar esta UNIÓN NACIONAL DE CONTRIBUYENTES. Hoy somos un pequeño grupo, pero estamos seguros que mañana seremos mucho más pues no somos los únicos que estamos descontentos con la política de impuestos y de gastos que se ejerce en este nuestro México querido.

En efecto, ante la pretensión del gobierno y la clase política de crear nuevos impuestos y elevar las tasas de los ya existentes, los contribuyentes debemos decir ¡No!

Hoy estamos invitando a los empresarios, comerciantes, trabajadores y a todos los ciudadanos a movilizarnos y detener este nuevo asalto contra nuestro patrimonio.

Pero no solamente debemos resistirnos a dar un peso más al fisco, sino que, además, debemos exigir que el Estado sea puesto a dieta, que reduzca su gasto pues así como gasta está saboteando el esfuerzo de los productores de la riqueza.

Mientras más se reduzca el gasto público y mientras más se adelgace al Estado, menos tardará la superación de la crisis y habrá mayor crecimiento económico y menos pobreza.

Los ciudadanos hemos estado desorganizados, no protestamos y de ello se aprovechan los gobernantes para imponernos nuevas cargas fiscales.

Pero ahora decimos basta!

Y aun si se aprueba un aumento a la carga de los contribuyentes, cualquiera que éste sea, como parece inminente, podemos y debemos buscar revertirlo.

Y desde hoy debemos disponernos a iniciar un proceso sistemático e implacable de reducción del gasto público y de los impuestos.

Si todo impuesto es injusto en sí mismo, pues es un despojo de riqueza y que se hace mediante el uso de la fuerza, el alza de impuestos en las condiciones actuales es todavía más inadmisible por las siguientes razones:

1. El país vive la peor crisis económica desde hace 77 años y el alza de impuestos no hará sino agravarla.

2. Las pequeñas y medianas empresas –las principales creadoras de empleo- serán las más afectadas. Hoy estas pequeñas y medianas empresas sufren un acoso destructivo y creciente por el menor retraso en el pago de cuotas al seguro social, sufren una enorme dificultad para pagar sus impuestos a más de engorrosas y costosas regulaciones que no cesan de aumentar. Con más impuestos es para darles un golpe mortal.

3. En los 10 últimos años la economía creció en poco más de 23% en términos reales, pero el gasto del gobierno creció tres veces más que la economía: en un 73%. ¡Creen que aumentar el gasto de gobierno es algo bueno! Pero es totalmente dañino. Lo correcto es al revés. Bajar el gasto de gobierno.

4. Desde finales de 2008 los particulares tuvimos que reducir nuestros gastos y apretarnos el cinturón como consecuencia de la crisis económica. Pero Estado mexicano se dio para 2009 un presupuesto 14% superior al de 2008, en términos reales. Para los gobernantes y los políticos no ha habido crisis económica, ellos han preservado y hasta incrementado sus prebendas y privilegios.

5. El gobierno ha fracasado rotundamente en su función primordial, si no es que la única legítima: dar seguridad a los gobernados. México vive la peor crisis de inseguridad de su historia en tiempos de paz. Gobierno y hampa actúan al unísono: más de nuestro dinero para ellos, menos seguridad para nosotros. ¡Es absurdo!

El gobierno alega, con falsedad, que el aumento de carga fiscal obedece a la necesidad de compensar la baja en los ingresos del Estado.

En realidad lo que el gobierno quiere es gastar más, para cumplir compromisos políticos, como el aumento de los salarios de los burócratas en 2010, el cual significaría una erogación de 180 mil millones de pesos adicionales, poco más de la mitad del supuesto “boquete” en las finanzas públicas.

El gobierno simula un esfuerzo de austeridad al proponer la desaparición de tres secretarías de Estado, cuando en realidad lo que se propone es integrar esas secretarías en otras y ahorrarse los sueldos de tres secretarios…a los que ahora se les pagará como subsecretarios.

Otro argumento del gobierno es que necesita más dinero para aumentar los subsidios a las personas más pobres del país. Acaso no sabe que regalar dinero a los pobres da por resultado condenarlo a la pobreza permanente. Además, el gasto extra para “combatir la pobreza” que pretende el gobierno, apenas representa el 12% pero los efectos dañinos son incuantificables.

Por otro lado, en los últimos 10 años ingresaron adicionalmente al fisco 1.2 billones de pesos (de 1993 o 12 billones de pesos corrientes) en comparación con el nivel de ingreso de 1998.

Frente a ese enorme ingreso extra, si al gobierno tanto le interesaban “los pobres” ¿por qué en lugar de aumentar en forma estratosférica los sueldos de la alta burocracia del Estado o sostener a la Compañía de Luz, no aumentaron las erogaciones de “Oportunidades”?

Pero si el pretexto para elevar impuestos era la supuesta necesidad de elevar el subsidio de “Oportunidades”, ese pretexto ha desaparecido con la liquidación de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro, al quedar liberados los recursos suficientes para duplicar la ayuda a los más pobres.

Y en un mismo golpe ha quedado invalidado cualquier otro pretexto para aumentar impuestos, pues hay muchos otros “agujeros negros” presupuestales como la Comisión Federal de Competencia (la acérrima enemiga de la empresa privada y de la creación de empleos), los salarios estratosféricos y privilegios de la alta burocracia del Estado (de los tres poderes y de los tres niveles de gobierno), el subsidio a los partidos políticos y la infinidad de prebendas para los grupos de interés con las que los políticos compran apoyo político.

Este nuevo atraco fiscal que nos quieren imponer es el inicio de un esfuerzo de la clase política por imponer en México cargas fiscales “similares” a las de la mayoría de las naciones desarrolladas, con el argumento implícito (y cada vez más explícito) de que para alcanzar sus niveles de bienestar debemos igualar su expolio fiscal. “Si los otros países cometen errores, nosotros tenemos el derecho de cometerlos”.

El discurso neo-estatista, en que se apoya este programa incautatorio es puro sofisma:

Se miente cuando se presenta a México como si fuera casi un paraíso fiscal donde los ciudadanos casi no pagamos impuestos. Pero el gobierno no está considerando en las cuentas de la carga tributaria la renta petrolera que es patrimonio de los mexicanos y no del gobierno. Las presentan como ingresos como “no tributarios” que no son sino impuestos mal disfrazados.

No se dice que en el resto de países y sobre todo los industrializados contribuye una proporción mucho mayor de los habitantes que en México, porque tienen mayor confianza en sus gobernantes, pero no deja de ser un error.

Se ignora o se pretende ocultar que ninguna nación pasó de subdesarrollada a desarrollada elevando los impuestos.

Todos los países ricos para llegar a serlo se basaron en bajos impuestos y en que el gobierno no estorbaba a sus hombres de negocios.

Ya en la opulencia han podido darse el lujo de los altos impuestos, pero no deja de ser un error que se manifiesta en la reducción de las tasas de crecimiento económico y de la prosperidad.

Las naciones que recientemente han accedido al desarrollo y aquellos que más han más han progresado en reducir la pobreza, son aquellas que han mantenido su gasto público por debajo del 15% como proporción del PIB.

La razón es muy simple: los altos impuestos obstaculizan o impiden la formación e incremento del capital, sin lo cual no se puede generar más riqueza.

La diferencia entre los países ricos y los pobres es precisamente esa: la magnitud de formación de capital.

Es falso que el mero “gasto”, y sobre todo el público, genere riqueza.

El gasto público atenta contra la formación del capital, porque los recursos no son erogados con criterios de rentabilidad económica, sino de rentabilidad política, con lo que se destruye en lugar de formar capital.

Se ignora o se pretende ocultar la propia experiencia de México.

Entre finales de los años treinta y hasta 1970, México tuvo los mejores índices de crecimiento económico gracias a que en promedio el gasto público no superó el 13% como proporción del PIB y por ende los impuestos eran relativamente bajos.
Si los apologistas del vampirismo fiscal tuvieran razón, bajo la administración de Miguel de la Madrid, cuando el gasto público llegó hasta 40% como proporción del PIB, tendría que haber habido el mayor crecimiento económico y del bienestar, pero ocurrió exactamente lo contrario.

Los bajos impuestos permitieron el “milagro económico mexicano”.

De haberse mantenido ese esquema (aunado a mayor libertad económica), a estas alturas México estaría a punto de volverse una nación desarrollada.

Pero la clase política comete el error de promover más gasto público, más carga fiscal y más señoreaje, el resultado es impedir la debida formación de capital y con ello aumentar la pobreza.

Si en los últimos años ha habido un bajo crecimiento económico es porque -luego de que en 1998 el gasto público llegó a 22% como proporción del PIB- la burocracia y la clase política en lugar de reducir han escalado el gasto público hasta alcanzar poco más del 26% como proporción del PIB en 2008 y probablemente el 27% en 2009.

Si el gobierno se sale con la suya, de 2010 en adelante la proporción del gasto público podría llegar al 30% y el crecimiento económico será más exiguo y habrá más pobreza.

El resurgimiento del estatismo en México no se limita al asalto en contra de los contribuyentes.

Por un lado tenemos el crecimiento explosivo de las regulaciones que estrangulan la iniciativa privada y por otro la pretensión de que el Estado disponga de los ahorros para el retiro.

Gobernantes y políticos proceden como si el dinero en general y esos recursos en particular, les pertenecieran.

Ya sabemos como terminará –si lo permitimos– la disposición estatal de los fondos para el retiro: en un colosal despojo.

Ni el partido en el poder (el PAN) ni la principal fuerza opositora (el PRI) presentaron en las contiendas electorales de 2006 o de 2009 la oferta de aumentar el expolio fiscal o despojar de sus fondos para el retiro a sus legítimos propietarios.

Si estas pretensiones prosperan, los legisladores de estos partidos estarán actuando en contra del mandato de quienes los eligieron. Esto es un fraude político, peor que un fraude electoral.

Recordemos el ofrecimiento que el entonces candidato presidencial Felipe Calderón, hizo en el debate televisado del 25 de abril de 2006: “Voy a reducir los impuestos a trabajadores y empresas para que haya más inversión y más empleo”.

Por eso fue electo por la mayoría de los votantes, no por lo que ahora hace.

En esa misma ocasión, el entonces candidato presidencial se comprometió a simplificar el pago de los tributos.

Pero en lugar de honrar la palabra empeñada, el titular del Ejecutivo Federal propuso medidas para endurecer el terrorismo fiscal y violar garantías individuales.

Los ciudadanos enfrentamos hoy la amenaza de reformas al Código Fiscal donde todo nuestro patrimonio se pone en peligro de ser incautado.

Por eso hacemos un llamado a todos los empresarios, comerciantes y contribuyentes que son los que sostienen a este país, son el ATLAS de una nación y que además mantienen al monstruo burocrático, devorador y destructor de riqueza que eufemísticamente se conoce como “administración pública”.

Este Atlas ha estado dormido y soportando el abuso de la clase política. Ningún partido político se ha atrevido a velar por los intereses de los contribuyentes.

Los políticos profesionales, sin excepción, representan exactamente el interés contrario: el del saqueo fiscal y la destrucción de la riqueza.

Las viejas organizaciones empresariales han mantenido una postura tímida, por decir lo menos, ante el renovado asalto contra los contribuyentes.

Recuérdese que en 2004, la Convención Nacional de Contribuyentes convocada por la COPARMEX, acordó reclamar más gasto público y por ende más impuestos y más “redistribución de la riqueza” (que el Estado quite todavía más a unos, para darle a otros).

Recuérdese que la esencia del Acuerdo de Chapultepec, firmado en 2005, era justamente el mismo despropósito.

Por eso es que hemos constituido la Unión Nacional de Contribuyentes “Atlas” Asociación Civil (UNACON), como instrumento de resistencia contra el saqueo fiscal.

Proponemos a los contribuyentes organizarnos, movilizarnos, utilizar todos los recursos de lucha que sean pacíficos y legales para detener y revertir el nuevo asalto contra nuestro patrimonio y para resistir a los que se intentarán después de éste.

¡Reducir el gasto gubernamental!

¡Bajar los impuestos!

¡Libertad económica!

Por Dr. Santos Mercado Reyes

Post RLB. Punto Politico.

octubre 25, 2009

Frente AMLO, aliado de Lozano + Caso SME no pasó en la Cámara

Como todo lo que resiste apoya, el activismo agresivo del PT, el PRD y Convergencia en la Cámara de Diputados terminó por hundir en el aislamiento político al desaparecido Sindicato Mexicano de Electricistas y salvó al secretario del Trabajo, Javier Lozano Alarcón, de una larga y belicosa comparecencia incómoda.

En uno de esos giros absurdos de la política, la intolerancia de petistas y perredistas obligó a concluir apenas comenzada la comparecencia de Lozano. Y por el grado de agresividad y por la decisión petista-perredistas de introducir clandestinamente al ex líder electricista Martín Esparza al salón de plenos, la decisión mayoritaria fue dar por cumplida la comparecencia de Lozano. Así, el secretario del Trabajo se fue con algunos insultos en el bolsillo pero sin responder a las preguntas legislativas.

De nueva cuenta la dictadura de las minorías se volvió contra los intereses de la minoría. Hubieran ganado más el PT, el PRD y Convergencia sometiendo por horas al funcionario a preguntas de fondo, que facilitándole el día al impedir su comparecencia fugaz. El PT, el PRD y Convergencia, los tres que conforman un nuevo frente unido dirigido nada menos que por el salinista Manuel Camacho, demostraron escasa inteligencia política y se dejaron llevar por las pasiones.
Pero en el fondo, el PT, el PRD y Convergencia actuaron sobre la base del realismo pesimista, aquél que se deriva de las batallas perdidas de antemano. Los insultos del secretario del Trabajo del gobierno de Echeverría, Porfirio Muñoz Ledo, o el gesto de violencia del ex priísta tabasqueño Adán Augusto López Hernández tirándole billetes a la cara de Lozano fueron más bien el signo de la incapacidad, de la derrota, del fracaso.

El uso de la violencia y la agresión es el argumento de los impotentes en política. La estrategia debió haber sido otra: preguntas y argumentos para obligar al funcionario a salirse de sus cabales y entonces darle la estocada final, la puntilla política.
La oposición lopezobradorista tenía en realidad poco que argumentar. Fue una terrible falla política haber enviado a Muñoz Ledo a presentar el posicionamiento del PT como cabeza de la oposición frentista de Manuel Camacho. Y no sólo porque Muñoz Ledo perdió ya el encanto del pasado y por el padecimiento de una arterioesclerosis moral, sino porque Muñoz Ledo representa justamente la línea dura antisindical del PRI porque presidió la Secretaría del Trabajo de Echeverría que en esos años golpeó duramente al sindicalismo independiente, democrático y de izquierda.
Como secretario echeverrista del Trabajo, Muñoz Ledo aplastó al líder ferrocarrilero Demetrio Vallejo, al simbólico líder electricista Rafael Galván y al entonces naciente disidente líder de una fracción de telefonistas Francisco Hernández Juárez. La mano represiva de Muñoz Ledo se aplicó para consolidar al charrismo sindical del PRI y para fortalecer el liderazgo de Fidel Velázquez. Lo bueno para Muñoz Ledo, en ese entonces, fue que el PRI era un partido hegemónico, la oposición era atacada por la policía política y no existían crítica ni disidencia. De haber habido en esos años un congreso democrático como hoy, sin duda que Muñoz Ledo hubiera sido tachado de peor manera que a Lozano Alarcón.
El trasfondo real del conflicto en la Cámara fue la derrota política del SME y del frente camachista. Al dar por cumplida la comparecencia del secretario del Trabajo, la mayoría legislativa impidió que la oposición lopezobradorista hiciera al funcionario las preguntas más comprometedoras y no logró que el Congreso se convirtiera en un gran jurado del caso de la liquidación de Luz y Fuerza del Centro y de la desaparición del sindicato electricista. La gran victoria política de meter clandestinamente al ex líder Esparza al pleno se transformó en la gran derrota porque fue la justificación para cancelar la sesión y para dar por cumplida la comparecencia de Lozano.
Mal han entendido los lopezobradoristas el papel del debate político al confundirlo con el insulto y la agresión. Y el tono violento de los anfitriones fue respondido con un gesto de desprecio por el invitado cuando Lozano Alarcón no se dignó a mirar a Muñoz Ledo ni a López Hernández cuando éstos le exigieron que los mirara a los ojos. Esa escena, transcurrida en segundos, coronó la victoria política --esa sí-- de Lozano Alarcón. Ahí se firmó la derrota estratégica del lopezobradorismo como lanza de ataque de los electricistas desaparecidos: no fueron tomados en cuenta.
Al final, el más sonriente fue el secretario del Trabajo. Y Lozano Alarcón debería estar agradecido con los lopezobradoristas Noroña, Muñoz Ledo, López Hernández y --oh paradojas de la política-- el propio ex líder electricista Martín Esparza, porque ellos impidieron que fuera sentado en el banquillo de los acusados del Congreso. Los electricistas perdieron lamentablemente un aliado: la Cámara. Pero eso ocurre cuando se usan los argumentos de los impotentes, no los de la política.
Por Carlos Ramirez.

Post RLB. Punto Politico.