diciembre 19, 2009

Fracasos del socialismo

La igualdad ante la ley es lo que nos hace libres, mientras que la creciente intervención gubernamental nos esclaviza bajo el engaño de que así se está protegiendo a los pobres.


Chávez y Obama no parecían tener mucho en común: el presidente venezolano es vulgar y sufre de múltiples complejos, mientras que el norteamericano se expresa muy bien, es amable y tiene títulos universitarios de Columbia y Harvard. Pero ambos han dado un vuelco marcadamente intervencionista a los gobiernos de sus países y las consecuencias negativas ya están afectando gravemente a toda la ciudadanía.

Los venezolanos no se podían imaginar peores gobernantes que los copeyanos socialcristianos y los adecos socialdemócratas de las últimas décadas del siglo pasado, pero bajo Chávez cualquier tiempo anterior luce tanto mejor.

Los norteamericanos no podían esperar salir del maniático G. W. Bush, quien se creía encomendado de Dios para salvar no solamente a su país, sino al mundo entero del terrorismo y de las drogas. Pero Obama ha gastado más en nuevos programas en sus primeros nueve meses de lo que gastó Bill Clinton a lo largo de ocho años en la Casa Blanca y de esa manera le ha dado la espalda a los principios fundamentales de la libertad individual, enumerados y defendidos por los padres fundadores de la patria. Hoy no solo Bolívar y Sucre deben estar dando vueltas en sus tumbas con lo que sucede en su amada Venezuela, sino que algo parecido debe estarle sucediendo a Franklin, Washington, Adams, Jefferson, Madison y Hamilton con el desempleo, la desconfianza de los inversionistas, creciente dificultad para la obtención de financiamiento, dramática caída del valor de las viviendas, pérdida del poder adquisitivo del dólar y la creciente inseguridad personal.

Los gobiernos de países libres no fueron concebidos para redistribuir ingresos, regalar servicios médicos, lavar los cerebros de los jóvenes ni utilizar los ahorros de la ciudadanía con fines netamente políticos, dentro ni fuera de la nación. La verdadera función del gobierno es proteger los derechos individuales y la propiedad de cada uno, de manera que el más fuerte no se aproveche de la debilidad de otros. La igualdad ante la ley es lo que nos hace libres, mientras que la creciente intervención gubernamental nos esclaviza bajo el engaño de que así se está protegiendo a los pobres.

La economía venezolana se contrajo 4,5 por ciento en el tercer trimestre del 2009, en comparación con el mismo período del año pasado, y la producción petrolera cayó más del doble (en 9,5%), mientras la inflación que este año alcanzará 26% es la más alta de América Latina. Pero ante tan infames resultados, el remedio que el gobierno de Chávez adelanta es cambiar la manera de calcular esas estadísticas, para supuestamente “adecuarlas” a la economía socialista. Y para el año 2010 reducirá los presupuestos de educación y salud, mientras aumenta los gastos militares y en 600% el presupuesto del presidente.

El total abandono de los trabajos de mantenimiento tras la total estatización de la energía eléctrica y en los acueductos provocan frecuentes apagones en Caracas e instrucciones presidenciales de que los venezolanos se deben bañar menos frecuentemente, utilizando “totumas” y poncheras en lugar de regaderas.

Según el recién publicado Índice de Libertad Económica 2009, Estados Unidos ocupa el puesto número 6 en el mundo, detrás de Hong Kong, Singapur, Australia, Irlanda y Nueva Zelanda, mientras que Venezuela cayó al puesto número 174, junto al Congo, Cuba, Corea del Norte y Zimbabue.

Por Carlos Ball
Director de la agencia AIPE.

Post RLB. Punto Politico.

diciembre 16, 2009

Comenzar por el principio + Desaparición del IFE, clave

Cuando España se enfrentó a la necesidad de transitar del sistema dictatorial de Francisco Franco a la democracia, el primer debate fue sobre el orden progresivo de los cambios. Y la primera decisión fue democratizar el proceso electoral.


La reforma política del presidente Calderón carecerá de bases reales si no comienza por el principio: la reforma a fondo del sistema electoral. El IFE ha demostrado su ineficacia como organismo político para realizar elecciones. De poco servirá intentar la profesionalización de legisladores, alcaldes y jefes delegacionales si los procesos electorales carecen de credibilidad o son manipulados por las estructuras de poder.

El país necesita un organismo electoral autónomo de los poderes, con funcionarios profesionales que no busquen los reflectores y sin la presencia de los partidos ni legisladores en sus sesiones y menos en la designación de los funcionarios. La creación de la cédula de identidad ciudadana le quitaría al IFE el poder político del registro nacional de electores, porque al final de cuentas la identidad ciudadana debe sestar bajo control del gobierno y no de un instituto electoral.

La reforma política de Calderón va a depender que las elecciones sean realmente libres, creíbles y respetadas. El órgano electoral debe estar al margen de cualquier politización y partidización. La crítica social a los legisladores no se agotaba en el hecho de ser elegidos por un periodo de tres años y la posibilidad de la reelección luego de un periodo no ayudó a elevar la eficacia.

La creación de una casta de gobernantes por cuatro periodos de tres años --no más de doce años en total-- debe de tener antes una credibilidad mayor.
El modelo Juanito que inventó López Obrador y que Marcelo Ebrard elevó a la categoría de tesis política --a ese nivel han caído los gobernantes y dirigentes-- obliga a atender prioritariamente el tema de la reforma electoral para sacar al órgano electoral de cualquier espacio de presencia política.
Al final, una elección requiere de funcionarios que vigilen el voto. Las quejas sobre campañas deberían ser atendidas en otras ventanillas.

La reforma política no debe condenar a los ciudadanos a soportar legisladores de doce años. El argumento de que cada elección de tres serviría para calificar desempeño es falaz porque aún ahora podría hacerlo con los partidos que proponen los candidatos o los candidatos que repiten aspiraciones luego de un periodo. La propaganda, el control, corporativo y la manipulación electoral han dado al traste con la democracia mexicana.

La segunda vuelta electoral es un peligro para la democracia porque fortalecería el bipartidismo, cuando el país necesita de una mayor pluralidad. Podría funcionar mejor la construcción de coaliciones legislativas para sumar una mayoría porque entonces facilitaría el juego de corrientes e ideologías. Lo peor que le podría pasar al país sería un bipartidismo PRI-PAN, PRI-PRD o PAN-PRD.

La reforma política debe asentarse en la reforma integral del IFE. Mientras no exista un organismo electoral con credibilidad y verdadera independencia, no habrá elecciones libres en México. La dependencia del organismo electoral pasó del ejecutivo al legislativo y de ahí bajó a los partidos como cuotas de poder. Esta conformación permite que cualquier candidato derrotado simplemente decida aceptar o no los resultados oficiales. O, en el peor de los casos, que los institutos electorales estatales estén dominados por los gobernadores en turno.

La iniciativa de reforma política del presidente Calderón operará sobre la funcionalidad del legislativo, pero deja pendiente la reforma de la estructura electoral y ampliar la participación ciudadana. La reelección de alcaldes, legisladores y jefes delegacionales no garantiza una verdadera democracia porque la democracia no es el funcionamiento de las instituciones sino el derecho del ciudadano de elegir a sus gobernantes
. A la larga, el IFE se ha convertido en una carga política y financiera para el país.

Lo más importante de todo es que se revalidó el concepto de reforma política. Pero debe tratarse de una reforma que sea la transición a un nuevo sistema político integral y no quedarse en curitas. Faltan la reforma del poder y la reforma del modelo de desarrollo.reforma política del presidente Calderón carecerá de bases reales si no comienza por el principio: la reforma a fondo del sistema electoral. El IFE ha demostrado su ineficacia como organismo político para realizar elecciones. De poco servirá intentar la profesionalización de legisladores, alcaldes y jefes delegacionales si los procesos electorales carecen de credibilidad o son manipulados por las estructuras de poder.

Por tanto, la reforma debe iniciarse con la desaparición del IFE como organismo conformado por consejeros ciudadanos y representantes de partidos y de congreso. La designación de consejeros se convirtió en un reparto del pastel entre partidos vía cuotas de poder. De ahí que el IFE responda a los intereses de los partidos y no de los ciudadanos.

La ley de la reforma política de la transición española es un documento breve que se basa en una tesis política elemental: regresarle el poder al ciudadano a través de elecciones libres. La esencia de la democracia se localiza, en consecuencia, en el derecho del ciudadano de poner o quitar gobernantes por la vía del voto libre y respetado. A pesar de la alternancia, todos los partidos políticos han pervertido la función del IFE y los institutos estatales han caído bajo el dominio político de los gobernadores.

El país necesita un organismo electoral autónomo de los poderes, con funcionarios profesionales que no busquen los reflectores y sin la presencia de los partidos ni legisladores en sus sesiones y menos en la designación de los funcionarios. La creación de la cédula de identidad ciudadana le quitaría al IFE el poder político del registro nacional de electores, porque al final de cuentas la identidad ciudadana debe sestar bajo control del gobierno y no de un instituto electoral.

La reforma política de Calderón va a depender que las elecciones sean realmente libres, creíbles y respetadas. El órgano electoral debe estar al margen de cualquier politización y partidización. La crítica social a los legisladores no se agotaba en el hecho de ser elegidos por un periodo de tres años y la posibilidad de la reelección luego de un periodo no ayudó a elevar la eficacia.

La creación de una casta de gobernantes por cuatro periodos de tres años --no más de doce años en total-- debe de tener antes una credibilidad mayor. El modelo Juanito que inventó López Obrador y que Marcelo Ebrard elevó a la categoría de tesis política --a ese nivel han caído los gobernantes y dirigentes-- obliga a atender prioritariamente el tema de la reforma electoral para sacar al órgano electoral de cualquier espacio de presencia política. Al final, una elección requiere de funcionarios que vigilen el voto. Las quejas sobre campañas deberían ser atendidas en otras ventanillas.

La reforma política no debe condenar a los ciudadanos a soportar legisladores de doce años. El argumento de que cada elección de tres serviría para calificar desempeño es falaz porque aún ahora podría hacerlo con los partidos que proponen los candidatos o los candidatos que repiten aspiraciones luego de un periodo. La propaganda, el control, corporativo y la manipulación electoral han dado al traste con la democracia mexicana.

La segunda vuelta electoral es un peligro para la democracia porque fortalecería el bipartidismo, cuando el país necesita de una mayor pluralidad. Podría funcionar mejor la construcción de coaliciones legislativas para sumar una mayoría porque entonces facilitaría el juego de corrientes e ideologías. Lo peor que le podría pasar al país sería un bipartidismo PRI-PAN, PRI-PRD o PAN-PRD.

La reforma política debe asentarse en la reforma integral del IFE. Mientras no exista un organismo electoral con credibilidad y verdadera independencia, no habrá elecciones libres en México. La dependencia del organismo electoral pasó del ejecutivo al legislativo y de ahí bajó a los partidos como cuotas de poder. Esta conformación permite que cualquier candidato derrotado simplemente decida aceptar o no los resultados oficiales. O, en el peor de los casos, que los institutos electorales estatales estén dominados por los gobernadores en turno.

La iniciativa de reforma política del presidente Calderón operará sobre la funcionalidad del legislativo, pero deja pendiente la reforma de la estructura electoral y ampliar la participación ciudadana. La reelección de alcaldes, legisladores y jefes delegacionales no garantiza una verdadera democracia porque la democracia no es el funcionamiento de las instituciones sino el derecho del ciudadano de elegir a sus gobernantes. A la larga, el IFE se ha convertido en una carga política y financiera para el país.

Lo más importante de todo es que se revalidó el concepto de reforma política. Pero debe tratarse de una reforma que sea la transición a un nuevo sistema político integral y no quedarse en curitas. Faltan la reforma del poder y la reforma del modelo de desarrollo.

Por Carlos Ramirez.

Post RLB. Punto Politico.

diciembre 15, 2009

País de ilusos

Un mexicano te perdona que le partas la madre,

pero no que le rompas sus ilusiones.


El peor pecado que se puede cometer contra un mexicano es romperle las ilusiones. Las ilusiones son algo tan preciado entre nosotros que se vuelven intocables. Habrá, sin duda, algún intelectual orgánico que le de forma y pretextos a esta fenomenología de la ilusión y que descubra -¡oh, las revelaciones de los “expertos”!- que la ilusión forma parte de las “fibras profundas” del alma del mexicano junto con el maíz y el recurso a las bravatas como sucedáneo de la defensa heroica de la “dignidá”.

En un país de ilusos, como este, a la gente le parece del todo coherente gritar a la vez: “¡No más impuestos!” y “¡ni un peso menos de gasto público!”.

En un país de ilusos, como este, un presunto doctor en economía, profesor del Colegio de México, puede presumir que aumentar el déficit público no tiene ninguna consecuencia (“no pasa nada” escribe el doctor Gerardo Esquivel en su bitácora en la red), y quedarse tan campante.

En un país de ilusos, como este, resulta perfectamente lógico que el mismo señor que vocifera para que le aumenten los recursos federales al gobierno de la capital, sea el mismo señor que condena cualquier alza de impuestos. Ese mismo señor, Marcelo Ebrard, en 2007 se rasgó las vestiduras porque habría un nuevo impuesto especial a las gasolinas cuya recaudación se destinaría “a los estados”; le mejoró el humor, sin embargo, cuando sus gestores en el Congreso logaron cambiar la redacción y se plasmó que la recaudación del nuevo gravamen se destinaría “a las entidades federativas”. No, pos’ así la cosa cambia. Así, el “gasolinazo” sigue siendo algo malo, pero como que se siente menos.

En un país de ilusos, como este, habrá quien encuentre natural que la supuesta izquierda radical –especialmente sectaria e intolerante- predique en esencia lo mismo que los grandes magnates. Incluso, se aplaudirá la “gallarda” defensa de los ciudadanos que hace un patán con fuero, obstruyendo cualquier discusión racional en la Cámara de Diputados.

El amor a las ilusiones que el mexicano manifestará a lo largo de su vida empieza a cultivarse desde la cuna. En vez de enseñarle a hablar como ser civilizado, al bebé mexicano una legión de parientes, empezando por su abnegada madre, se dedica a convencerlo que está bien decirle “evo” al “huevo”, “guaguá” al “perro”, “la meme” al “sueño” (de adulto se empeñará en decir: “dijieras”, “haiga”, “aclético”, “pecsi”, “cactas” por “captas”, “chopita” por “sopa” y exigirá que se le entienda de inmediato; quien ose corregirle su tartamudeante y pobre léxico recibirá, fulminante condena: “¡…che mamón!”).

Poco después, sabios programas de televisión didácticos, como el dominical de Chabelo (un señor de la tercera edad que habla como niño mimado y se viste con pantaloncitos cortos), le enseñarán que “aquí todos ganan”… aunque pierdan. En la escuela, le inocularán la ilusión de que entendimientos dispares y esfuerzos diferentes deben dar, siempre, resultados iguales (“¡es lo justo!”) porque aquí no tenemos esas odiosas costumbres extranjeras de reconocer a cada cual según sus méritos.

Para tercer año de primaria nuestro futuro iluso mexicano ya sabrá pelear con los maestros una mejor calificación alegando que hizo su “mejor esfuerzo”, igualito que los jugadores de la selección nacional. Más tarde, amparado en la ilusión de que “no hay que dejarse” atropellará a cualquiera que ose contradecirle. Y vivirá, llenito de ilusiones, pensando que es un signo de distinción escupir en la calle y convencido de que es normal ganar dinero sin trabajar o que trabajar consiste en “hacerla” lo que, a su vez, consiste en obtener una plaza inamovible que le hace acreedor a una paga periódica (paga de la cual se quejará amargamente, no importa cuál sea el monto de la misma, ni mucho menos cuán improductiva sea su presencia en el denominado “centro de trabajo”, porque siempre habrá alguien, real o imaginario, que gana más y eso “¡no es justo!”).

Por eso, porque vivimos en un país de ilusos, y porque en tal país no hay peor ofensa que romperle las ilusiones a alguien, los políticos mexicanos deben hacer malabarismo y medio -¡pobres!- para mantener vivas las ilusiones: ¿Más déficit?, “¡No hay fijón, no pasa nada, ya lo dijo un doctor en economía, que crioque hasta premio noble es!”, ¿más gasto?, “pos’ pa’ luego es tarde, namás dínganme (sic) ónde van a poner la llave pa’ que me salpique”.

Ilusiones:



· Un día de estos vamos e volver a tener petróleo a raudales y los precios internacionales del petróleo van a estar por las nubes; este bendito país y estos lindos –e ilusos– compatriotas no merecen menos.

· Si yo fuera diputado quitaba todos los impuestos y sólo le cobraba un IVA choncho a los del billete.

· Me voy a ganar el Melate, ora sí mi reina, y vas a ver ton’s quién sigue siendo el rey.

· ¿A ver qué tiene el tal Juanito que no tenga yo?, si me lo propongo puedo llegar a ser “el preciso”, lo que pasa es que me da flojera tanta alharaca.

· Me vale, pos ni que me hubiera robado tanto como roba tanto “inche corructo” del gobierno.

· ¿Y qué?, ¿a poco manejar medio pasado es peor que bombardear Irak?

· No, si vas a ver, en el Senado les van a enseñar cómo hacerle para tener mucha más lana y no subir el IVA. Beltrones sí sabe.
Por Ricardo Medina.

Post RLB. Punto Politico.

Si López fuera Presidente...

No es un juego simplista lo que le describo amigo lector. El año 2006 fue un año en que los mexicanos estuvimos a punto de perder la libertad.

He sido un duro crítico del Presidente Calderón en materia de política económica. El lector que hace el favor de seguir mis artículos lo sabe bien. No obstante, y más allá de mis diferencias, debo aceptar que el Presidente no es un dictador y cree en la libertad democrática (un concepto ciertamente muy complejo). Con todo y todo no me arrepiento de haber votado por él. La razón: el enorme costo de oportunidad de que López Obrador ganara la presidencia (ese que como buen fascista se siente el “representante del pueblo.”). Ahí está su nueva frase: “sólo el pueblo puede salvar al pueblo.” Fascista y mesiánico es lo que su “proyecto de nación” en realidad es.

Si López hubiera ganado la presidencia:

· En su primer año se habría dedicado a aplastar a los disidentes por la vía fiscal. Hoy ya no hay que asesinar; en la política que predomina, basta con amenazas fiscales y ya cualquier persona se amedrenta. El asesinato es, para los izquierdistas radicales -como López-, una opción final.

· Antes de imponer su proyecto socialista (la planificación central, que implica eliminar la propiedad privada y construir todo un dirigismo económico desde el gobierno), López tomaría el Congreso al más puro estilo de Chávez, Morales, Ortega, y Correa. El Congreso habría sido rodeado por los militares y tomado en su totalidad. Y los disidentes asesinados al más puro estilo de Victoriano Huerta. El poder legislativo debe ser tomado por los dictadores para poder diseñar leyes a favor de sus intereses e ideología como lo hizo Hitler y los comunistas estalinistas.

· Luego, como buen político totalitario, el objetivo sería golpear al poder judicial para meter a sus cuates y desarmar a los ciudadanos de poder acceder al sistema jurídico para defender sus más elementales libertades, lo que incluye a su propiedad privada.

· Después de haber eliminado el equilibrio de poderes, el paso a tomar sería controlar a los medios de comunicación. Para este propósito, López habría expropiado a los que fueron sus patrocinadores del momento, Televisa y TV Azteca. Por supuesto, seguirían las distintas empresas de radio (y periódicos) como Grupo Fórmula; en este grupo hay periodistas bisoños que creyeron y apoyaron a López Obrador. Ya medio se dieron cuenta de cómo la izquierda radical de López y el SME (y los sindicatos del gobierno que le acompañan) les intentaron cerrar el paso de la libertad de expresión. A ver si aprenden bisoños.

· En su tercer año, López intentaría cancelar todos los tratados de libre comercio, empezando, dada su ideología comunista, por el TLC con EU y Canadá. Aranceles y prohibiciones a la orden del día. La nueva dictadura del “mercado interno.”

· Una vez con el poder totalitario, López y sus secuaces se apoderarían del Banco de México para poseer “la maquinita del dinero.” Gasto público creciente y déficits monetizados a la orden. Más empobrecimiento para los mexicanos que menos tienen.

· Subsidios, subsidios y subsidios a costa de subir y expoliar con impuestos a los mexicanos más productivos.

· Ferrocarriles, aviación, telefonía, bancos y demás “bienes de la nación”, como los llaman los izquierdistas radicales de López, regresarían al poder estatal.

· Las universidades privadas serían muy fastidiadas, para al final apoderarse de las más notables.

· Dadas las medidas socialistas de López, la fuga de capitales estaría a la orden del día, por lo que el control de cambios sería la modalidad del mercado de divisas.

· Claro, no podría faltar, al final del sexenio, López ya con el Congreso en su mano y el poder judicial a sus pies, trataría de “reformar” la Constitución Política, para poderse reelegir indefinidamente, y con ello llevar a bien su proyecto de “dictadura del proletariado.”

· Pobreza, miseria y esclavitud serían ya la realidad cruel de todos los mexicanos; por cierto, los mejores ya habrían emigrado.

· Tristemente, EU no haría nada.

No, no es un juego simplista lo que le describo amigo lector. El año 2006 fue un año en que los mexicanos estuvimos a punto de perder la libertad. Sólo vea el caso “juanito.” Cómo actuaba el fascista López poniendo, proponiendo y enrocando a gente de su partido comunista (ya no el PRD, sino el PT). Tratando de colocar en la Delegación Iztapalapa (temporalmente) a uno de sus golpeadores, a López le salió el tiro por la culata, pero al final su lacayo Ebrard le enmendó la tarea y depuso al tal juanito para beneficiar a la candidata favorita del Mesías.

Ya Honduras nos dio una gran lección a los mexicanos. Un país más pobre, con una constitución fortísima que impidió que se convirtiera en un satélite chavista más. Felicidades, y mexicanos, a aprender a cerrarle la puerta a los totalitarios.

Esta tragedia es la que nos indica el peligro que representa la izquierda para México. Una izquierda mexicana que no avanza, y cuyos rasgos siguen siendo totalitarios. No lo olvidemos.

Por Godofredo Rivera .

Post RLB. Punto Politico.